La Orquesta Sinfónica de la UANL, bajo ladirección huésped del maestro Rodrigo Macías, se suma a las primeras tres funciones que el Ballet de Monterrey presenta del clásico La Bella Durmiente.
Funciones 25, 26 y 27 de septiembre
Gran Sala del Teatro de la Ciudad.
Sobre la obra:
PIOTR ILYICH CHAIKOVSKI (1840-1893)
La bella durmiente, ballet Op. 66
Es posible que el atractivo principal del ballet para aquellos que admiran esta forma artística sea la conjunción ideal de música y danza que se ha logrado en algunas obras notables a lo largo de la historia y que es, de hecho, el punto focal de la intención estética y expresiva del ballet. Para lograr esta conjunción se necesita buena música, un buen libreto y una buena coreografía. En el caso de los famosos ballets de Piotr Ilyich Chaikovski, es claro que el primer elemento cumple perfectamente su función. Esto es cierto a tal grado que para el melómano común la figura de Chaikovski suele identificarse primero que nada a través de su música para ballet. De hecho, los tres ballets escritos por Chaikovski siguen siendo su música más popular hasta la fecha: El lago de los cisnes (1876), La bella durmiente (1889) y El cascanueces (1892). Si la danza moderna tiende en la mayoría de los casos a la abstracción y al distanciamiento del elemento anecdótico y narrativo, los ballets clásicos son siempre historias con música, y algo más. He aquí la historia y el argumento de La bella durmiente.
Como en el caso de El lago de los cisnes, que fue un encargo del Teatro Bolshoi, La bella durmiente también fue el resultado de una comisión. En este caso, el encargo le fue hecho al compositor en 1888 por Iván Vsevoloshky, director del Teatro Imperial. Originalmente, Vsevoloshky había pensado en el cuento de hadas Undine como fuente argumental del ballet, pero finalmente se decidió por el cuento de La bella durmiente. El estreno del ballet, estructurado en un prólogo y tres actos, se realizó en el Teatro Maryinski de San Petersburgo el 15 de enero de 1890, con Carlotta Brianza en el papel titular, y a diferencia de El lago de los cisnes, tuvo un éxito inmediato. Ello se debió, sin duda, a que el gran coreógrafo Marius Petipa realizó la coreografía original de la obra. El libreto del ballet fue escrito por Vsevoloshky y Petipa, y está basado en una de las historias más conocidas por chicos y grandes en el mundo occidental, uno de los cuentos de la colección Mamá la Oca del escritor francés Charles Perrault.
En el palacio del rey Florestán se lleva a cabo la ceremonia del bautizo de la princesa Aurora, con la presencia y bendición de sus hadas madrinas. El maestro de ceremonias del palacio ha olvidado invitar a la celosa hada Carabosse, que aparece en medio de la fiesta para lanzar una maldición: la princesa Aurora crecerá sana y bella, pero un lejano día se pinchará un dedo con el huso de una rueca, y morirá. Una de las hadas madrinas de la princesa Aurora interviene y anuncia que el maleficio se cumplirá sólo parcialmente: la princesa se pinchará un dedo y dormirá durante cien años con el resto de la corte, hasta que un bello príncipe la saque del sueño con un beso. Y en efecto, la princesa Aurora crece bella y radiante. El día en que cumple 16 años, un extraño personaje entra de incógnito a la fiesta en palacio y le regala una rueca. El personaje no es otro que el hada Carabosse, y tal y como lo ha profetizado, la princesa Aurora se pincha un dedo con el huso de la rueca. Cae dormida con el resto de la corte, y se cumple así el maleficio de Carabosse. Pasan cien años, hasta que aparece el príncipe Florimundo que, guiado por una de las hadas madrinas, llega hasta la princesa dormida. La besa, y el maleficio se rompe. La princesa y la corte despiertan de sus cien años de somnolienta soledad. Aurora y Florimundo se casan en medio del regocijo general.
Además del atractivo de la historia misma, este ballet de Chaikovski ofrece una buena muestra de la enorme capacidad del compositor para crear bellas y memorables melodías. A veces, demasiado memorables, ya que a lo largo del tiempo, músicos de todos los estilos y tendencias han plagiado la música de Chaikovski a la menor provocación. Asimismo, muchas de las partes de los ballets de Chaikovski se han hecho más famosas en versiones alternativas que en su forma original. Tal es el caso, bien conocido, del hermoso vals de La bella durmiente, que hoy es ampliamente recordado no tanto en la versión original sino en la versión cantada en la película de dibujos animados producida por Walt Disney en 1959 bajo la dirección de Clyde Geronimi. Mientras las hadas madrinas (llamadas aquí Flora, Fauna y Primavera) revolotean a su alrededor, la recién despertada princesa Aurora canta:
Eres tú el príncipe azul que yo soñé…
Entre las muchas cosas que se han escrito sobre La bella durmiente, vale la pena citar este breve párrafo de David Brown, en el que se hallan muy bien resumidas las mejores cualidades del ballet. Dice Brown:
La conjunción de una invención musical llena de carácter, la fluidez estructural y el seguro sentido de la atmósfera, todo ello enmarcado en un argumento admirablemente estructurado, hace de La bella durmiente la pieza teatral más consistentemente exitosa de Chaikovski, y una de las cimas del repertorio del ballet.
Vale señalar que la duración típica de una representación de La bella durmiente alcanza alrededor de cuatro horas, con intermedios, y que la música de Tchaikovsky dura casi tres horas. Por esta razón, el ballet suele representarse con cortes sustanciales, lo cual no es necesariamente una buena idea.
– Juan Arturo Brennan
